Primer certamen de jóvenes críticos en el Festival Internacional de Buenos Aires

viernes, 16 de octubre de 2009

Los pingüinos siguen marchando


Por Verónica Belén Caminos

“En mi casa no había libros.
Sólo cariño.
Mis padres tenían un corazón grande y la mirada simple.
No tenían libros.
A veces llovía y llegaba el otoño pero todo lo que sentíamos se quedaba ahogado aquí porque sabíamos pocas palabras.
Partí tarde”.
Extraído de http://escueladeespectadoresdeteatro.blogspot.com/

Guillermo Calderón, el actor, director y dramaturgo, no deja de sorprendernos luego de Neva y Diciembre, con esta joya del teatro: Clase

Ellos reclamaron sus derechos, ocupando las calles chilenas. Intentaron censurarlos a golpes, intentaron encarcelarlos, pero las voces no dejaban de cesar. Clase, del chileno Guillermo Calderón, es una armonía entre texto y actuación, que dejan perplejo al espectador, pensando “¿Eso que dijo está bien, o está mal?”. La obra va en línea recta, como en una cornisa, un abismo, que deja a uno dudando, y ya cuando ve el final, uno termina por caer. Y ahí es cuando todo tiene sentido.
Es la historia de una alumna y un profesor deseoso de contar las falencias de su vida. Dos personajes contrastantes, equilibran la puesta en escena, encerrados y presos de un aula mientras afuera se desarrollan manifestaciones por los derechos estudiantiles. Él, pesimista, que había visto las revoluciones levantarse y caer, como aquel Mayo Francés, y ella, optimista, asegura que si el futuro les depara amarguras, la nueva juventud sabrá enfrentarlas con una sonrisa.
Él se contradice solo en sus monólogos, le habla de todo lo negativo que sufrió en su vida, sus ilusiones gastadas, sus sueños rotos. Ella, quería dar su disertación sobre el Buda, a toda costa, y además de esto, buscaba la felicidad de su profesor. Algo de budismo, ideas anarco comunistas, una mezcla de ideas metidas en una licuadora que dieron como resultado esta obra de teatro: pura poesía.

Pingüinos revolucionarios, lápices que escriben
Iniciaron su revuelo tomando los colegios. Pedían mejoras edilicias, pedían una mejora de la educación, que el Estado se hiciera cargo, entre otras cosas. Tuvieron el apoyo de la mayoría de los sectores sociales, y así el 90% de las instituciones educativas de Santiago comenzaron su revolución, pidiendo lo básico e indispensable cuando uno quiere aprender dignamente. ¿Esto acaso, no se nos hace reconocido?, es exactamente lo que los estudiantes pidieron en 2008 (aunque en Argentina, también pedimos Becas, un derecho estudiantil innegable).
Chile y Argentina no dejan de parecerse en este echo lamentable: crisis de lo público, lo que debería ser de todos, está en mal estado. ¿Es porque la gente no lo cuida? ¿O es porque, el Estado descuida lo que pertenece a su órbita mientras los ciudadanos compran el cuento de que lo privado es lo mejor?
Pedían por el pase escolar gratuito y unificado. ¿Esto acaso no nos recuerda a 1976, a “la noche de los lápices”? Al parecer, estudiantes chilenos y argentinos no dejamos de parecernos. A fin de cuentas, a pesar de todos los conflictos que pudo haber entre Chile y Argentina, somos hermanos. Es así, los pingüinos seguirán marchando, como los lápices seguirán escribiendo.



Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Protestas_escolares_chilenas_de_2006
http://elblogdeffuentes.blogspot.com/2006/08/la-marcha-de-los-pinginos.html
http://www.institut-gouvernance.org/es/analyse/fiche-analyse-348.html
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=32213

jueves, 15 de octubre de 2009

Entrevista a Lisi Estaras


Por Ana Ailén Federico, Lara De Luca, Julieta Emiliozzi y equipo del Laboratorio de reflexión y producción periodística.


Lisi Estaras nos visitó en nuestra redacción del FIBA y nos dio la oportunidad de deambular por la creación de la obra Patchagonia con dramaturgia de Guy Cools y producción de les ballets C.de la .B. Esta obra deslumbró por su lógica propia y el poder de una creación que deja sensaciones encontradas desde la danza como eje central.

Naciste en Argentina y te fuiste a otros países a trabajar. ¿Cómo influyó en tu profesión el trabajo en otras partes del mundo?
Nací en Córdoba y estudié ballet en el Seminario Nacional de Danza. Mi sueño era ser bailarina clásica, y viendo que no iba a avanzar mucho en eso empecé a buscar otras cosas. En aquel momento tenía 19 años y también había estudiado trabajo social. Me preguntaba a qué me iba a dedicar en la vida, porque veía que no podía hacer las dos cosas (bailar y hacer una carrera universitaria). Sin planear y un poco por casualidad me fui a Israel a visitar familia y ahí gane una beca. Después, empecé a viajar y a estar en distintos lugares e iba absorbiendo cosas que no solamente estaban dentro de lo que es la danza sino que tenían que ver con la vida. Ahora vivo en Bruselas, que es una ciudad donde llega gente de todos lados y eso genera un movimiento continuo.

¿Cómo comenzaste a trabajar en la Compañía Les Ballets C. de la B.?
Empecé dentro de la compañía como bailarina para un coreógrafo y en este proceso de trabajar con él me di cuenta que había cosas que quería desarrollar: ideas y material de danza. De a poco comencé a desarrollar pequeños trabajos. Patchagonia, es mi primer espectáculo con una producción grande.

¿En este proceso eras sólo bailarina e ibas probando con la dirección?
Se dio todo en paralelo. Específicamente con Alain Platel, que es muy independiente, te permite trabajar mucho sola y entonces te vas dirigiendo a vos misma. Así encontré gente que tenía ganas de hacer cosas, trabajé mucho en colaboración, antes de dirigir sola. En líneas generales bailo para otra gente pero ahora estoy en un momento en el que me interesa más dirigir o bailar mis propias cosas.

¿Cómo fue el estreno en el FIBA?
Sentía una gran responsabilidad por que los bailarines son extranjeros y realizan propuestas de baile que toman del folclore de este país. Y me parece que en la obra hay mucho de eso, de ser un impostor.

¿Porqué elegiste la Patagonia como disparador creativo?
Estaba buscando un lugar vacío, un lugar fuera del mundo. Si pienso cual sería el fin del mundo, pienso en la Patagonia, aunque nunca estuve, pero es lo que se me viene a la cabeza. El fin del mundo lo asocio a ese lugar, es un lugar estigmático.

¿Porqué Patchagonia y no Patagonia?
Por varias razones, pero no quería que fuera Patagonia argentina porque sería como algo inspirado en ese lugar. Pero no es ese lugar, es un lugar inventado. Me divierte la idea del título con un error de ortografía en el medio y además de eso, es una palabra compuesta en Francés. Patch significa aburrimiento, espera, y me gusta la combinación de las dos palabras: agonía y espera.

En el comienzo de la obra el personaje alto realiza una especie de figura con el cuerpo y forma como una cara. ¿Cómo surge eso?
La idea de la obra es que esta gente se encuentra en un lugar aplastante, en un desierto. Esta gente está hace 25 años ahí y va a seguir estando. Este personaje está muy cansado, es como el árbol, un objeto del lugar. Específicamente lo que trabajé con él en esa escena, es que es el principio de algo. De Adán con las costillas, esa era la idea en ese momento. También hay un monólogo al final que habla sobre el pasado, sobre su padre, su madre y ahí hay una idea de ser niño. Esa parte de la costilla se relaciona con la madre, con el ombligo, con el texto y tiene un simbolismo.

¿La obra se podría asociar con un contexto histórico como la conquista del desierto?
No lo pensé como eso, pero sé que existe, y todos juntos vimos la película La Patagonia Rebelde. Esa presencia existe aunque no fuera mi objetivo.

El ballet de la obra Patchagonia es de diferentes nacionalidades. ¿Cuáles fueron los beneficios de trabajar con una compañía multicultural?
Es importante que sean de diferentes nacionalidades pero es más importante el background de cada uno. Hay uno que viene del circo, otro que es más actor, otro que es más clásico, la actriz que sabe flamenco, etc. Tiene que ver con sus nacionalidades, como el chico de Nueva Zelanda, que utiliza mucho las danzas tradicionales. Todos esos elementos enriquecen la obra. Trabajo con gente muy mezclada.

¿Cómo fue el trabajo con los intérpretes para las danzas folclóricas argentinas?
El material que yo produzco tiene mucho que ver desde el movimiento con lo folclórico pero también trabajamos con información teórica. Además, el folclore es una temática que me interesa mucho, tiene una pureza que en la danza contemporánea nos falta. Es un instinto bailar, cantar y con el folclore eso está muy presente: ponés una samba y todo el mundo se levanta y baila.

Y en Bélgica, ¿qué repercusión tuvo?
Es distinto, sienten que hay algo latino. Pero por ejemplo con la canción de Yupanki, “Piedra y camino”, pueden decir “que linda canción”; pero acá tiene mucho peso..

¿Cómo fue la experiencia en Córdoba en la cárcel?
Fue impresionante, yo ya había actuado una vez en la cárcel, y por eso insistí mucho en que quería llevarlos ahí. Es una experiencia única porque es gente que está programando hace mucho que va venir a ver este espectáculo. Es maravilloso actuar para alguien que también lo necesita. El recibimiento y lo que sentís ahí es muy especial.

Patchagonia en tu imaginario es un lugar muy aplastante, como la cárcel ¿Qué repercusión tuvo? ¿Cómo se lo tomaron?
Fue sin decorado, en el piso. Se divirtieron mucho, y había momentos en los que estaba todo muy tenso también, básicamente porque hay momentos muy excitados y otros en los que baja mucho la obra. Es muy ciclotímica.

Llamó mucho la atención que en la obra hubiera una sola mujer, y que en un momento de la obra se produjera una situación bastante violenta para con ella.
Algunos piensan que la obra es un poco machista, pero yo no la veo para nada así. En realidad, elegí esta gente porque fue con quienes yo quería trabajar. No tuve la idea previa que hubiera una sola chica. Pero para mí va mas allá de las cosas terrenales, es un personaje muy fluctuante, que llega, le pasan un montón de cosas y se va.

¿Cómo es elegir a los músicos y la música?
Cuando pensé en esta obra, conocía al violinista Tcha Limberger y el escuchó mucho esta música folclórica. La idea era que él se inspire en estos ritmos, y que creara algo con ellos. Hay partes que las escribió antes de que la obra empiece y otras cosas que las hicimos al mismo tiempo. Él es no vidente, así que se complica. Hay una escena “relámpago” en la que los bailarines danzan, y él escuchaba los ruidos. Es muy interesante cómo pudo hacer la música en base a la percepción.

Fusión Patchagonia


Por Claudio Campolongo

“La hora pasa, la pena se olvida, más la obra queda”
Víctor Frankl, El hombre en busca de sentido


Cuatro bailarines – actores y tres músicos dejan todo en el escenario para interpretar una obra que nos deja sin palabras. Una visión de nuestra Patagonia bajo la pincelada de la coreógrafa argentina radicada en Bélgica Lisi Estaras. La obra, muestra una versión muy estilizada de nuestro folklore y nuestra geografía.
Varias son las cosas que llaman la atención, sobre todo para los amantes del folcklore. Para empezar, las distintas nacionalidades de los músicos: el violinista y compositor de la música es rumano ( y canta la zamba Piedra y Camino como si fuese un mismísimo discípulo de Atahualpa), el guitarristas es belga y el contrabajista , húngaro.
Los bailarines se desenvuelven en una danza un tanto extraña, pero muy expresiva a la vez, mientras los músicos recorren la geografía, espacial y musical, no sólo argentina, sino también vecinas, como el joropo (música popular de Venezuela y Colombia). Los actores y músicos, a pesar de sus diferentes formaciones culturales y sociales, se conectan melódicamente entre sí.
Lisi Estaras explica: “Me obsesioné con la Patagonia. Una tierra vasta, desolada y de viento. Donde el viento te garantiza que te encontrás en un lugar concreto que no podría ser ningún otro sitio más. Es una sensación especial. Te obliga a profundizar en ti mismo. Si estás allí tenés que amar el viento, conocerlo y aceptarlo” (danzaballet.com).

Soy el buda…


Por Romina Rearte

Las luces del teatro Payró, que por segunda noche consecutiva albergaron al público de Calderón, se apagaron y el polvo maravilloso que fue, volvió a ser sólo eso, polvo.
Al traspasar la delgada línea que divide lo racional de las pasiones humanas se ponen en juego las emociones y sensaciones más íntimas del espectador: querer llorar sin saber porque, querer dejar de sentir… pero el corazón late más fuerte que nunca, querer que la mente esté en blanco y no poder, es dolor y es esperanza, es amor y es odio.
Un profesor que no concibe una vida que duela tanto, que busca entender cómo se hace para llegar a ese punto: al de la comprensión. Un hombre derrotado, cansado y en soledad, acepta vivir en la injusticia y en la ignorancia, sin ganas de luchar, casi resignado a morir.
Una alumna, mientras, intenta a toda costa exponer su disertación sobre el Buda, busca sentirse viva, proclamar, luchar y confrontar, hacer la revolución. Busca aprender a amar.
Dentro de un muy bien logrado universo político-social y en el marco de una clase sobre la “tragedia” no quedan temas sin tratar, desde las experiencias de vida del profesor hasta la educación, el rol del estado y el controversial legado de la saciedad. Clase conforma una pieza de con fuerte anclaje generacional que sin dudas invita a reflexionar.

martes, 13 de octubre de 2009

Llegó el turno de España



Más de treinta años de música española que encierran un cruce de mensaje político con lenguaje popular.


Por Nicolás Baruj Conde

Revolviendo los recuerdos de generaciones y generaciones, la obra de Xavier Albertí recorre décadas de música popular de su país. Con un elenco de actores pero además excelentes cantantes y una excelente musicalidad, Crónica sentimental de España se desarrolla sin esperar al espectador latinoamericano ajeno a tantos años de historia popular. Sin embargo, el público puede encontrar en la diferencia una similitud, un equivalente, entre ese pasado y el propio. En poco más de una hora, esta crónica navega entre Manolo Escobar, Conchita Piquer, Jorge Sepúlveda e incluso Raphael. Esas canciones que escondieron una realidad trágica puede que sean la excusa del director para hablar de un contexto histórico oscuro pero encubierto por un centenar de factores populares que sirvieron para disfrazar una verdad. Dejando el análisis de lado, el impacto de este espectáculo de aire comercial y cómico queda ligado a una cuestión generacional, sin mencionar los grandes baches que la diferencia de nacionalidades provoca en el público distante a la trayectoria española, musicalmente hablando. Impecable por su musicalidad, sorprendente por su calidad y admirable por su reflexión, esta creación proveniente de la ciudad de Barcelona deja el impacto del espectador en manos de un conocimiento previo de décadas de acontecimientos españoles.

Alejandro Cruz visitó nuestro Laboratorio


 El pasado lunes 12 de octubre se acercó al Laboratorio de análisis y producción periodística el crítico de teatro del Diario La Nación, Alejandro Cruz. En una amable y sincera charla acerca de la labor del crítico en un medio masivo, se introdujeron algunos temas tales como “¿el crítico realiza un trabajo de archivo previo en el marco de un Festival Internacional?” Al respecto opinó que no hay tiempo para nada, pero que por suerte o por desgracia, se adelantó a algunas obras que se estaban montando en el marco del Festival de Córdoba. Incluso reconoció los errores que puede cometer un crítico al realizar una reseña tal vez no muy buena en el contexto de Córdoba y verificar que en otro contexto como el de un Festival de Buenos Aires esa calificación tal vez hubiera sido otra. Pero lo publicado ya está y eso no se puede modificar. Con humildad reconoció sus contradicciones objetables al decir que él prefiere no realizar críticas a trabajos de alumnos de teatro, como residencias o muestras porque cree que son trabajos de alumnos en formación. También se indignó porque considera que no se puede hablar de crítica cuando se escribe con un espacio limitado de 1100 caracteres, como el que ahora tiene para comentar las obras de este Festival. Se le preguntó también de quçe manera lo afecta ver tantas obras en cartel y comentó que se encuentra en una instancia en la que no está viendo todo como para desintoxicar un poco su mirada, y mientras tanto, se está entreteniendo con cuestiones relacionadas con la cultura y la política en la ciudad de Buenos Aires. Para cerrar nos dijo que cuando se dirige a algún teatro siempre espera que la obra lo sacuda, lo perturbe y que cuando sucede eso es maravilloso.

Juan, la suerte.


Por Ana Ailén Federico.

Ayer fuimos a ver la ultima función de la obra francesa “Jean la Chance” (“Juan la suerte”). La obra basa su guión en el cuento “Hans in Glück” de los hermanos Grimm. Básicamente el texto cuanta la historia de un hombre que tiene un objeto de gran valor y lo cambia por uno de valor inferior. Dicha acción se sucede en una extensa secuencia hasta que termina quedándose sin nada. Este simpático y confiado hombre cree en la buena fe de las personas con las que interactúa, y confía en que realmente el intercambio de objetos lo beneficiara.
El espectáculo comienza cuando Juan es abandonado por su esposa, ella le dice que se va con otro hombre, y que le dejará la casa con todos los animales, muebles y hasta la empleada. Juan, luego de esa pelea, cae en una depresión, mientras la criada bastante enojada cuenta cómo se fue decayendo la estancia. En medio de esas circunstancias, aparece un señor interesado en cambiarle a Juan todas sus tierras y ganado por unas carretas con caballos. Lo convence con el pretexto de que “podrás recorrer el mundo”, y es así cómo Juan comienza esta cadena de intercambios creyéndose siempre beneficiado.
La puesta es sencilla, y juega con el espacio del escenario de manera no convencional: en la parte de atrás los actores se cambian la ropa, toman agua y se preparan para la próxima salida; luego hay una línea con micrófonos donde se ve a la banda integrada por los mismos actores, y en el resto del escenario transcurre la obra, en la que emplean objetos muy sencillos para representar los diferentes espacios por donde viaja el protagonista.
Hay que estar preparado para ver la obra, las situaciones que atraviesa este buen hombre son contadas con temas musicales compuesto por el músico punk más importante de Francia, Tomas Heuer, provocando un nivel muy alto de excitación en el espectador.
Uno de los principales problemas de la obra, es a la hora de la lectura de los subtitulados porque están ubicados muy arriba de la boca del escenario, lo que dificulta su lectura, y sumados al ritmo de los diálogos, no permite prestar atención a las actuaciones.

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